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Microcosmos

8,00

Jamás me había autodefinido, pero si tuviera que hacerlo, me definiría por la forma en que percibo mi entorno. Cada día crezco, aprendo de la vida y de sus sorpresas, lo que inevitablemente me lleva a cambiar y evolucionar como persona. Soy un ser humano con virtudes y defectos, con grandes sueños y miedos, y me esfuerzo por superar estos miedos para alcanzar mis metas. Me apasiona la lectura y la escritura, y encuentro en las palabras nuevas perspectivas y sensibilidades.

Sisinia Anze Terán, novelista boliviana. Hasta la fecha lleva 18 obras publicadas: 6 novelas, 4 libros de microficción, 1 libro de poesía, 6 de cuento, 1 cuento infantil. Ha participado en diferentes antologías nacionales e internacionales.

Jamás me había autodefinido, quizá porque prefiero que sean otras las personas las que lo hagan. Sin embargo, ahora que lo pienso, si tendría que definirme de alguna manera, tal vez lo haría de la forma en la que percibo mi entorno. Podría definirme con palabras, pero, al final, ¿me estaría describiendo cómo soy en realidad?, o ¿cómo querría ser?, o ¿cómo creo que soy?, ¿tal vez una mezcla de todo? Si me defino hoy, mañana ya no sería la misma. Cada día crezco, aprendo de la vida y de sus sorpresas. Avanzo, a veces me estanco, pero siempre termino inevitablemente cambiando. En mayor o menor medida, cada día soy alguien diferente.


Creo que, en el intento, acabaría poniéndome etiquetas, incluyéndome en el afán humano por atrapar todo con palabras, como cuando digo: Amo los libros, leer y escribir se constituyeron en una necesidad para sobrevivir, busco en la palabra escrita nuevos caminos, nuevas órbitas de pensamiento y sensibilidad.

Soy un ser humano, con virtudes y defectos, con aciertos y fracasos, con grandes sueños y también, muchas veces, grandes miedos. Pero de eso se trata la vida, de superar los miedos para alcanzar los sueños, aun sabiendo que posiblemente fracasemos en el intento.

A cincuenta años del boom latinoamericano, la literatura está viviendo otro boom, pero en esta ocasión, con el género de terror. El realismo mágico, en los años de dictadura, mostraba cierto optimismo. Nosotros, los de la generación X, ya no tenemos el mismo optimismo de aquellos escritores, tal vez porque tenemos la tendencia de escribir temáticas que giran alrededor del género del terror o de la ciencia ficción.

—El terror es un género optimista en tanto que quien lo escribe como quien lo lee comparten un entretenimiento. Ni el lector ni el escritor sufren demasiado. Cuando escribo, la paso bomba. Pero, como todo género, es un lenguaje que te ayuda a pensar. Al igual que la novela negra es una forma de interpretar. En ese sentido, el terror sí es pesimista porque la interpretación que hace de la sensibilidad del momento es terrorífica. América latina, salvo las excepciones que todos conocemos, hace 40 o 50 años tiene sistemas democráticos. Pero lo que se desató en muchísimos de los países sí es terror: un terror económico que es de baja intensidad comparado con el del narco en México o en Colombia en los 90, pero, incluso así, es una sensación de eterno retorno y de falta de futuro. Hay una sensación de inseguridad constante. Y, luego, el procesamiento del trauma social es muy largo. Es posible que, durante los momentos más traumáticos, el terror surja menos porque aparece el género testimonial. Ahora en la Argentina o en Chile, que es donde empezaron a surgir ciertas narrativas oscuras, se está leyendo lo que pasó en la dictadura y en la generación de nuestros padres. Para nuestra generación, además, se produce algo muy terrorífico, que es la cantidad de gente de la que no sabemos cuál es su verdadera identidad. Por ahí no es muchísima, pero estamos conviviendo con dobles.

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